Pintura

   La pintura tenía una función didáctica (enseñar como en un libro la doctrina cristiana a los fieles), moralizante (ayudar a distinguir el bien del mal) y decorativa (cubrir los muros).

   La pintura románica es igualmente decorativa. No se concibe como arte autónomo y no tiene importancia en sí misma sino como ornamentación de paredes dentro del templo. Tiene su origen directo en las miniaturas bizantinas que luego pasan a los monjes prerrománicos de la primera Edad Media.

   Técnicamente es muy sencilla; las representaciones son planas y no hay perspectiva. Las figuras suelen contornearse con líneas gruesas, y el color, con predominio de azules y rojos. Los personajes siempre de forma frontal, tendiendo a la estilización, y tienen un marcado antinaturalismo y hieratismo, muestran una gran expresividad que llega a convertirlos en símbolos que expresan ideas abstractas. Las escenas se disponen adaptándose al marco arquitectónico (los personajes se ordenan jerárquicamente, el más importante es de mayor tamaño), también tienden a no dejar ningún espacio vacío (horror vacui). Los motivos más repetidos y utilizados son las escenas de la Biblia y los Evangelios y las vidas de los santos. También se presentan representaciones de la vida cotidiana de las personas, pero siempre con un contenido moral.

   La pintura ocupaba la mayor parte de los muros interiores de las iglesias y del ábside.

   Para pintar los muros y los ábsides de las iglesias se utilizaba la técnica de la pintura al fresco: se cubría el muro con cal y arena sobre la cual, y antes de que se seque, se debe pintar el mural. De esta manera la pintura se seca a la vez que el revestimiento de la pared, se adhiere y se mezcla con el encalado y consigue así una cohesión y permanencia extraordinarias. Sin embargo esto condiciona mucho al artista porque sólo tiene unas siete horas para pintar antes de que se seque el encalado. Es una pintura a contrarreloj y sin posibilidad de rectificar. Lo que hacía era encalar solamente la superficie que podían pintar en un día. Como colores se empleaban tierras, aglutinadas con huevo u otras colas naturales.

   También se realizaban pinturas sobre tablas de madera cubiertas con una fina capa de yeso, con ellas se cubrían los frontales de los altares o bien las cabeceras de las iglesias.

   Tuvieron gran importancia las miniaturas e iluminaciones con las que se decoraban e ilustraban los libros. Eran pinturas de pequeño tamaño pero realizadas con gran detallismo y colorido.

   Las pinturas que cubrían los ábsides ocupaban una posición central dentro de la iglesia.


   En el ábside se representa al Pantócrator o todopoderoso rodeado de los cuatro evangelistas, ángeles y santos. Otras veces se representa en el ábside a la Virgen o Teotocos si el templo tiene una advocación mariana. En la parte baja del ábside, en el medio tambor que soporta el cuarto de esfera nos encontramos espacios separados por columnas que también pueden recibir decoración pictórica. 

   Los muros laterales se dedican a otros santos o escenas de tipo narrativo en disposición corrida. En ellos se solían representar el Pantocrátor y Theotokos.